Saturday, November 17, 2012

Todo lo que mi hermana debería saber

Day 2


Todo lo que deberías saber cabe en una sola palabra, que es negra y espesísima, debe de ser invisible para algunos y estridente como nunca para otros. Todavía no estoy segura.

Reconozco que querría que me hubieran pegado a mí para recuperar un poco la rabia y sostenerme en la lucha, porque cuando ves que después de tanto tiempo en la calle, todo va cada vez peor, necesitas algo que te alimente. Yo no debo ser tan valiente como algunas de mis compañeras de Lavapiés, golpeadas, detenidas y amenazadas durante la jornada del 14N. Reconozco que no es la mejor solución para recuperar los ánimos, ¿pero cómo entonces? Haciendo huelga, yendo a los piquetes, saliendo a la mani. ¿Y los demás: unos ardiendo en hospitales y calabozos; otros en hogueras en sus calientes casas? ¿Cómo entender? Que el país se está borrando, que ya no hay casi periódicos que leer y muchos menos que comprar, que las porras son extensibles y los policías ilegales, que las personas se deben contar sólo por números impares. Que nos debe parecer todo ya tan normal como el hambre en Somalia y no hay casi fotos que nos sacudan las entrañas.

Nos debe parecer también normal que nos apliquen una reforma laboral que destruye el empleo y vuelve a discriminar una vez más a las mujeres, que nos desprestigien para privatizarnos, haciendo de la educación un privilegio y no un derecho, y de la sanidad un apartheid.

Me encuentro gente por la calle que dice: “si estuviera en paro, claro que iría a disparar al Congreso”. Otros se excusan: “no sirve para nada, si quieren pueden jodernos”. Veo a amigas que ya no quieren llevar guillotinas a las manifestaciones, ni gritar por el altavoz, sino escoger un país al azar y largarse. Yo misma, en un solo día, paso de la estaca a la muerte y de la desidia a la huida.

Cabe, pues, todo en una palabra: vergüenza.
 

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